Estos tres habían elaborado, a base de las enseñanzas del Viejo Mayor, un sistema completo de ideas al que dieron el nombre de Animalismo.
Varias noches por semana, cuando el señor Jones ya dormía, celebraban reuniones secretas en el granero, en cuyo transcurso exponían a los demás los principios del Animalismo. Al comienzo encontraron mucha estupidez y apatía. Algunos animales hablaron del deber de lealtad hacia el señor Jones, a quien llamaban “Amo”, o hacían observaciones elementales como: “El señor Jones nos da de comer”; “si él no estuviera nos moriríamos de hambre”. Otros formulaban preguntas tales como: “¿Qué nos importa a nosotros lo que va a suceder cuando estemos muertos?”, o bien: “Si la rebelión se va a producir de todos modos, ¿qué diferencia hay si trabajamos para ello o no?”, y los cerdos tenían grandes dificultades en hacerles ver que eso era contrario al espíritu del Animalismo. Las preguntas más estúpidas fueron hechas por Mollie, la yegua blanca. La primera que dirigió a Snowball fue la siguiente:
-¿Habrá azúcar después de la rebelión?
-No – respondió Snowball firmemente-. No tenemos medios para fabricar azúcar en esta granja. Además, tu no precisas azúcar. Tendrás toda la avena y el heno que necesites.
-¿y se me permitirá seguir usando cintas en la crin?- insistió Mollie.
-Camarada- dijo Snowball-, esas cintas que tanto te gustan son el símbolo de la esclavitud. ¿no entiendes que la libertad vale más que esas cintas?
Varias noches por semana, cuando el señor Jones ya dormía, celebraban reuniones secretas en el granero, en cuyo transcurso exponían a los demás los principios del Animalismo. Al comienzo encontraron mucha estupidez y apatía. Algunos animales hablaron del deber de lealtad hacia el señor Jones, a quien llamaban “Amo”, o hacían observaciones elementales como: “El señor Jones nos da de comer”; “si él no estuviera nos moriríamos de hambre”. Otros formulaban preguntas tales como: “¿Qué nos importa a nosotros lo que va a suceder cuando estemos muertos?”, o bien: “Si la rebelión se va a producir de todos modos, ¿qué diferencia hay si trabajamos para ello o no?”, y los cerdos tenían grandes dificultades en hacerles ver que eso era contrario al espíritu del Animalismo. Las preguntas más estúpidas fueron hechas por Mollie, la yegua blanca. La primera que dirigió a Snowball fue la siguiente:
-¿Habrá azúcar después de la rebelión?
-No – respondió Snowball firmemente-. No tenemos medios para fabricar azúcar en esta granja. Además, tu no precisas azúcar. Tendrás toda la avena y el heno que necesites.
-¿y se me permitirá seguir usando cintas en la crin?- insistió Mollie.
-Camarada- dijo Snowball-, esas cintas que tanto te gustan son el símbolo de la esclavitud. ¿no entiendes que la libertad vale más que esas cintas?


